Al fin se acabó la pesadilla. Por fin, el domingo 13 de mayo, el Leganés pudo respirar tranquilo y saberse, un año más, equipo de Segunda B. Es curioso lo que cambia el fútbol en apenas un año. Hace doce meses, el regreso de Badalona estaba bañado en tristeza por tener que seguir siendo de bronce. Hoy, el alivio de saber que el Lega seguirá una temporada más en esa categoría pone punto y final a una temporada aciaga que, por momentos, amenazó muy seriamente con dar con los huesos del club en Tercera División veinticinco años más tarde. Tiempo habrá para analizar, reflexionar, decidir. Pero la victoria ante el Atlético B evitó más agonía y permitió al fin respirar a todo Butarque.
El Leganés había logrado llegar al último día dependiendo de sí mismo: si ganaba, se salvaba. Y el club hizo todo lo posible para que el estadio registrara la mayor afluencia de la temporada, algo que se consiguió con creces: más de siete mil almas se dieron cita en Butarque para alentar a los suyos. Pa’ verlo. Víctor, en el día de su adiós definitivo al fútbol, recuperaba a Chupe para el equipo titular y sentaba a Vicente. El Atlético B llegaba con opciones aún de playoff, aunque no dependía de sí mismo. Lo primero que necesitaba era ganar. Pero pronto se iba a dar cuenta de que iba a ser imposible.
Es probable que muchos de los siete mil de la grada no estuvieran aún en sus asientos. Cuarenta segundos de partido. El Leganés roba un balón en medio campo, Tonino mete la directa, espera el movimiento en diagonal de Chupe y le pone el balón por delante al vallecano, mano a mano con Iago. El ’10′, con calma, la pone rasita y sube el 1-0 al marcador. Imposible empezar mejor. Butarque vibraba. El Lega había salido a comerse a su rival, a encerrarle en su propio campo, y consecuencia de ello era el huracán que no se iba a detener durante la primera media hora de partido.
No se había cumplido el minuto 15 cuando iba a caer el segundo en una de las jugadas claves para esta permanencia. Falta lateral que Canario pone tocadita al punto de penalty. Así marcó Mario en Toledo, así Biel al Celta B. Así David López al Atlético B. El Don Pepino 2012 pifió el primer remate, pero a la segunda fusilaba a Iago y hacía que subieran los decibelios. Y más que iban a subir poco después, cuando otra combinación fulgurante dejaba a Rubén Navarro en la frontal, fusilando seco, abajo, con la izquierda, a Iago y firmando, ya sí, la permanencia. 25 minutos, 3-0 y a respirar.
El personal disfrutaba y más de uno se echaba las manos a la cabeza pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Sobre el césped, y antes del descanso, Pantic realizaba un doble cambio más por vergüenza torera que otra cosa. Y también antes de irse a vestuarios, Omar acortaba distancias con un centro-chut envenenado que acababa sorprendiendo a Falcón. Algo que no empañaba la gran primera parte del Leganés. Al descanso, la gente ya respiraba tranquila. No se podía escapar.
En la reanudación, el Leganés iba a sentenciar la permanencia, si es que no lo estaba ya. A los cinco minutos, Rubén Navarro robaba una pelota a los centrales rojiblancos, la bajaba y se la dejaba de cara a Canario. El zurdo recortaba, se la ponía a su pierna buena y ajusticiaba el cuarto con dedicatoria a Víctor. Buen futbolista este Canario, con escasa participación pero con apariciones determinantes en este final de Liga. Y, ya con todo el pescado vendido, la grada, consciente de que ya no era necesario seguir animando, se acordó de todo lo vivido esta temporada y empezó a pedirles cuentas a jugadores y dirección deportiva. No, este Lega no estaba concebido para jugarse la permanencia en la última jornada.
El partido en sí estaba acabado. Rubén Navarro y Canario se marcharon ovacionados, Vicente hizo el quinto a la carrera y Víctor tuvo el detalle de hacer debutar a Sebas en lugar de Falcón. Si eso no es alma de entrenador, que me lo expliquen. El gol final del filial sólo quedaría para la estadística. Y con el final, la liberación. Mucho sufrimiento expresado en el llanto de Víctor durante el homenaje a su retirada del fútbol tras veinte años como profesional. Un hombre que, seguramente no como él hubiera pensado, se ha ganado ya un rinconcito de historia en los libros del Leganés.
Y a partir de aquí, a sentarse. Objetivamente, la temporada ha sido un desastre. Un equipo hecho para estar arriba salvando la categoría en el último partido. Lo que, por cierto, no quita para ensalzar la reacción del grupo en el momento más crítico. No lo olvido, el Lega era colista (¡colista!) tras perder en Valdebebas a ocho jornadas del final. Ayer, celebrar (sí, dadas las circunstancias y cómo ha venido el año, no deberíamos tener vergüenza de celebrar una permanencia, las cosas como son). Desde hoy, reflexionar. Y mañana (metafóricamente), decidir.
Se acaba la temporada en blanquiazul, un año lleno de sufrimiento que, en el futuro, recordaremos simplemente así: el año en que Víctor salvó al Lega.
¡Aúpa Lega!









